L
O S V O T O S : TESTIMONIAR
COLECTIVAMENTE DEL REINO.
“El
Reino es lo único absoluto”, Pablo 6°.
Junio
de 2013. PR.
Hablar
de la vida religiosa es relacionarse directamente al llamado de Jesús a seguirlo de una manera más radical
para construir su Reino en Comunidad. Se trata aquí de seguir decididamente
sus orientaciones -palabras y actitudes-, o sea, los llamados ‘consejos
evangélicos’. Esto se manifiesta por la práctica personal de los votos junto a
otras compañeras que han hecho la misma opción.
Es
cierto que hablar de los ‘votos religiosos’ hoy puede aparecer como tema
bastante fuera de lugar.
-
En un tiempo
donde se promueve casi exclusivamente la libertad individual sin control,
hablar de obediencia parece mensaje
que llegara de otro planeta.
-
En un momento
donde se promueve el derecho al placer sin límite alguna, hablar de castidad suena como fuera de lugar.
-
En un ambiente de
derroche, de corrupción y de acumulación de riquezas jamás visto, elegir la pobreza y hacer suya lo opción por los
pobres pueden dar a pensar en una locura. El ‘espíritu del mundo’ está bastante
lejos de espíritu del Evangelio.
Vamos
a tratar de descubrir el sentido profundo de los votos, su mensaje positivo y
humanizador, y su necesidad para testimoniar de la Buena Nueva que nos trae hoy
Jesucristo.
1. SENTIDO
GENERAL DE LOS VOTOS
Una
palabra del Papa Pablo 6º, en su carta encíclica ‘acerca de la Evangelización
del mundo contemporáneo’ del año 1975, confirmó nuestra opción radical por el
Reino: “Cristo, en cuanto evangelizador, anuncia ante todo un Reino, el Reino
de Dios, tan importante que, en relación a él, todo se convierte en ‘lo demás’,
que es dado por añadidura. Solamente el
Reino es pues absoluto y todo el resto es relativo” (8). Para nosotros los
cristianos, nuestra referencia definitiva es el Reino: nos permite a cada uno y
cada una de nosotros y a toda la gente a evaluar sus propias acciones, su
manera de rezar y tomar decisiones correspondientes. En lo que vemos y hacemos,
tenemos que preguntarnos ¿qué es lo que construye el Reino y que es lo que lo
destruye?
Me parece que debemos situar también los votos a este
nivel, como signos, presencia y
anticipación del Reino. No podemos limitarnos a su aspecto negativo de
renuncia absoluta a la libertad, al placer y al dinero. De alguna manera los
votos son el centro del Evangelio y el resumen de la Bienaventuranzas.
Contestan las bases deshumanizantes de nuestro sistema social, son el camino
que siguió Jesús para enfrentar las tentaciones del diablo y, podríamos decir
también que son las bases alternativas del verdadero modo de vivir en sociedad
a partir de una opción de vida personal y comunitaria.
-
El voto de obediencia
nos une al servicio de un proyecto común y organiza respetuosamente la
convivencia comunitaria; debe ser entonces un ejemplo de convivir en sociedad: aquí
no estamos muy lejos de la ‘política’ en sentido de organización armoniosa del
convivir ciudadano.
-
El voto de castidad
apunta hacia la verdad de las relaciones humanas y el respeto mutuo; entonces
tiene que ver con todas las formas de expresión y comunicación, o sea, nuestras
ideas y proyectos y por lo mismo con las ideologías.
-
El voto de pobreza
nos orienta hacia el compartir, la equidad y la solidaridad; entonces tiene que
ver con todo lo que toca lo económico y la economía, como atención y promoción
de los más necesitados.
Hay
que dejar de pensar también que los votos están solamente para los religiosos,
las religiosas o los sacerdotes. Están para todo los bautizados que desean
tomar en serio el seguimiento de Jesucristo en la construcción del Reino.
Escribieron nuestros obispos latinoamericanos cuando se
reunieron en Puebla (1979): “De este modo, este testimonio de pobreza y
desprendimiento, de pureza y de transparencia, de abandono en la obediencia,
puede ser a la vez que una interpelación al mundo y a la Iglesia misma, una
predicación elocuente, capaz incluso de tocar los no cristianos de buena
voluntad, sensibles a ciertos valores” (750).
Como
se nos lo confirma aquí, los votos son muy importantes y necesarios tanto para
la Iglesia como para la sociedad. Miremos ahora más detenidamente cada uno de
estos 3 votos.
2. EL VOTO
DE OBEDIENCIA COMO SERVICIO DE UN PROYECTO COMÚN
Una vez preguntaba a unas personas adultas cómo se podría
definir el matrimonio. Una mujer me contestó: “Padrecito, creo que el
matrimonio consiste principalmente en obedecerse el uno al otro”. Me quedé algo
sorprendido, pero muy satisfecho de la respuesta: la obediencia pasaba a ser
una actitud sumamente positiva de respeto, de ayuda, de igualdad, de
comprensión, de respeto y de dignidad. Tomemos conciencia que toda organización
social, cultural o deportiva tiene sus leyes y reglamentos: si son
desobedecidas, nos hay más organización ni éxito.
La obediencia en una Congregación no es una actitud
servil, sumisa y ciega: no está para suprimir la personalidad ni peor humillar
y destruir a las personas: esto sería antievangélico y pecaminoso. La
obediencia parte del desarrollo personal
que se armoniza en un proyecto más amplio, o sea, mediante el carisma de
las y los fundadores: ellas o ellos desarrollaron de una manera específica un
aspecto particular del Reino que necesitaba ser visibilizado.
Con
la obediencia, nos unimos al servicio de un proyecto común que da sentido y
felicidad a nuestro ser personal porque construye la vida y la dignidad de cada
persona y nos inserta en la fraternidad de la comunidad que conformamos. Las
relaciones de obediencia deben ser relaciones de respeto, de diálogo, hasta de
ternura que ayuden a crecer personalmente y en entrega cada vez más total,
generosa y alegre.
Conflictos,
ha de haber porque somos humanos, pero la obediencia no justifica la
prepotencia, el desprecio, los castigos humillantes, el maltrato en público, el
desprecio… Jesús, el Maestro, nos da el ejemplo de cómo vivir la autoridad; es
la forma mayor de servicio, de atención, de compasión, de perdón, de
consideración, en especial al más débil y pecador. La “superiora” general o la
“responsable” de cada pequeña Comunidad será la persona más apta para guiar a
todas hacia un mayor servicio al Reino.
Jesús nos dio el mejor ejemplo de obediencia a través del servicio:
-
Hebreos 10,5-10:
“(Padre) Tú, no quisiste sacrificios ni ofrendas… Aquí estoy para cumplir tu
voluntad”.
-
Lucas 22,27: “Yo
estoy entre ustedes como aquel que sirve”.
-
Juan 13,12-17: “Si
yo, siendo el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también Uds. deben
lavarse los pies unos a otros… ¡Felices si ponen estas cosas en práctica!”.
3. EL VOTO
DE CASTIDAD COMO TRANSPARENCIA DE NUESTRAS RELACIONES
La castidad no es primero un proyecto negativo de
abstenerse de relaciones sexuales, de no contraer matrimonio o de no gozar con
su cuerpo, como si todo esto fuera malo. La castidad es un modo digno de tratar nuestro cuerpo y una manera digna de comunicarnos
con los demás. Todos debemos ser castos respeto a nosotros mismos y a los
demás: se trata de una calidad de relación hecha de verdad, de sencillez y de
transparencia. Si queremos ser un testimonio para los demás, hay que comenzar
por uno mismo y por nuestras relaciones entre nosotros y nosotras. Para llegar
a esto, hay que entender positivamente el sentido del cuerpo y de la
sexualidad.
Cuando
se habla de ser transparente, hay
pensar en el agua: el agua es transparente cuando es pura y limpia. Igual para
nosotros, somos transparentes para los demás cuando somos puros y limpios de
corazón, de mirada y de gestos y acciones. Nuestras palabras y nuestros hechos
están coherentes con lo que pensamos y sentimos. La castidad es esta clase de
pureza y transparencia.
a)
Sentido positivo del cuerpo
|Los seres humanos somos personas de relación. No
podemos vivir mucho tiempo aislados y aisladas. Necesitamos encontrarnos y
comunicarnos. Estas comunicaciones se realizan mediante nuestro cuerpo: por
palabras, miradas, gestos, actitudes, expresión corporal, danza… Nuestro cuerpo
es nuestro medio de comunicación hacia los demás y de los demás hacia
nosotros.
Además cada comunicación tiene sus modales propios.
Ejemplos:
-
Cuando encontramos
una persona en la calle la saludamos con un ‘Buenos días’;
-
Si está persona
es más conocida, nos acercamos y nos damos un apretón de mano;
-
Si se trata de un
amigo o una amiga que encontramos a los tiempos, nos abrazamos calurosamente;
-
Los hijos besan a
sus padres y vice-versa: es otra manera de relacionarse.
-
El beso amoroso
es de los novios y
-
La relación
conyugal más íntima es la relación sexual de la pareja.
Cada
relación tiene su expresión propia; si confundimos esas expresiones, algo anda
mal y se trastorna la relación: o somos enfermos o queremos usar al otro o a la
otra para nuestro solo gusto personal. Pues, dominamos, atropellamos, violamos,
faltamos al respeto, a la intimidad, a la comunión, a la verdad, a la
transparencia y a otros tantos nombres de la castidad.
b). La
dimensión sagrada de la sexualidad
Los libros del Génesis y del ‘Cantar de
los cantares’ nos ayudan a entender el sentido de la vida sexual. Somos ‘imágenes’
de Dios cuando, ‘a su semejanza’, somos creadores de cosas nuevas y
también creadores de vida: ¿quiénes más que nuestros padres son creadores de
vida, a ‘imagen y semejanza de Dios’? ¿De qué manera? Mediante la relación
sexual. Por eso hay que decir que es un acto sagrado, porque, a través de ella,
Dios se transmite y transmite la vida y el amor. En la relación sexual,
‘tocamos a Dios’ por medio del misterio de la vida, del amor y de la creación.
A partir de esta visión sana y sagrada de
la sexualidad, tendremos un corazón y unas actitudes sanas, puras, castas.
También ayudamos a otros a repensar su vida sexual y matrimonial, con la
libertad de palabra que iremos adquiriendo, para confirmar o reorientar la vida
casta de las parejas. Ayudamos a los jóvenes, especialmente a las jóvenes, a
adquirir una triple madurez:
-
Madurez
física: el cuerpo se respeta, se
cuida; es nuestro más cercano aliado. Una joven no puede estar embarazada muy
joven: su cuerpo nos está todavía ‘maduro’ para esto. Los jóvenes no se pueden
casar sino cuando están en capacidad de mantener una familia.
-
Madurez
emocional: el amor no es solo
sentimientos; los sentimientos pueden engañar. La ilusión no es el
enamoramiento: éste es sentir y decidir que el amor es para siempre y que la
relación sexual es el mayor compromiso de uno con su pareja y una
responsabilidad con la vida que puede nacer. Hay que estar seguro de sí y de su
pareja. Las leyes civiles sobre el matrimonio ayudan también en este sentido:
cumplir con los 3 ‘C’: casa. comida u cama.
-
Madurez
cristiana: Antes de ‘lanzarse en
el matrimonio’, es bueno conocer cuál es el plan de Dios sobre él (Tobías
8,4-8), ya que quiso comenzar la creación de la Humanidad con una pareja
(Marcos 10,1-12). El matrimonio es el símbolo de una triple alianza: la de la
pareja; en el Antiguo Testamento, la de la alianza de Dios con su Pueblo; y
después de Jesús, la de Cristo con la Iglesia (Efesios 5,28-33).
Para nosotros los cristianos, la Palabra de Dios que
justifica nuestro celibato y castidad es la de Jesús, cuando dijo: “Hay otros
que por amor al Reino han descartado la posibilidad de casarse” (Mateo 19,12).
Nuestra motivación definitiva es el Reino que, por decisión propia, va a necesitar
todas nuestras capacidades y talentos. Por esto, nuestro testimonio apunta
hacia la dignidad del cuerpo, la belleza del matrimonio, la grandeza de la
relación sexual, la comunión del alma por el camino de la comunión de los
cuerpos, el encuentro y la identificación con Dios.
4. EL VOTO
DE POBREZA Y LA OPCIÓN POR LOS POBRES
En cuanto al voto de pobreza, el Señor nos invita a dar
un doble paso, relacionado con lo que acabamos de decir: pasar de lo mío a lo nuestro y pasar de los nuestro a lo del Reino.
En definitiva, el voto de pobreza no es más que lo que llamamos actualmente ‘la
opción por los pobres’. Expliquemos en qué consiste la opción por los
pobres.
-
Es opción por la
pobreza digna,
-
Es opción contra
la miseria y
-
Es opción por la
causa de los pobres.
Veamos
cómo.
a)
Diferenciemos primero los 3 niveles de pobreza
Comencemos entiendo el sentido de las
palabras sin confundir las cosas y las gentes, especialmente con expresiones
como ésta: ‘De todos modos, hay pobres ricos y ricos pobres’, siendo esto una
manera de eludir el problema, evitar de cuestionarnos y justificar nuestros
privilegios. Es pobre aquel que vive una doble experiencia: positivamente
sí comparte, y negativamente sí no explota a nadie. Tenemos así que
examinarnos todos y todas y ayudar a otros a examinarse en este doble sentido
de la pobreza y de la riqueza: es rico, entonces condenado por Jesús,
aquel que no comparte y que explota a los demás, porque acumula a costa de los
demás.
-
“¡Pobres de Uds.
los ricos, porque Uds. tienen ya su consuelo!” (Lucas 6,24).
-
“Es más fácil
para un camello entrar por el ojo de la aguja, que para un rico entrar en el
Reino de Dios” (Marcos 10,25).
Busquemos
ahora clarificar los términos sobre la pobreza. ¿Qué entendemos por ‘pobreza’?
-
La pobreza
como miseria. Es la situación de
todos los que sobreviven en la pobreza extrema y no tienen las mínimas
condiciones para vivir dignamente con sus derechos básicos satisfechos: les
falta trabajo fijo y digno, casa propia, comida suficiente, educación, salud…
No sólo son pobres, son empobrecidos.
Así dicen nuestros obispos: “Comprobamos como el más devastador y humillante
flagelo la situación de inhumana pobreza en que viven millones de
latinoamericanos… Al analizar más a fondo tal situación, descubrimos que esta
pobreza no es una etapa casual, sino el producto de situaciones y estructuras
económicas, sociales y políticas… que producen a nivel internacional ricos cada
vez más ricos a costa de pobres cada vez más pobres” (Puebla 29 y 30). Esta
miseria es el resultado de la acumulación individual y colectiva de bienes y
riquezas producidas generalmente por estos mismos pobres o sacados de estos
países pobres mediante el comercio internacional injusto y la deuda externa.
-
La pobreza
digna. Se trata de la situación
de la gente que, sin ser acomodada, posee lo suficiente para vivir decentemente. Tiene más o menos
asegurados sus derechos básicos. Esta clase de pobreza apunta hacia la igualdad
y fraternidad, según el mensaje del ‘maná’: “Ni lo que recogieron mucho tenían
más, ni los que recogieron poco tenían menos. Cada cual tenía lo necesario para
su consumo” (Éxodo 16,17). Es esta clase de pobreza que pedimos en el
Padrenuestro: ‘danos hoy nuestro pan de cada día; pedimos el pan de cada día
para todos. Y nos comprometemos a hacerlo realidad, como lo escribió san
Pablos: para “que a nadie le sobre y que a nadie le falte” (2 Corintios 8,13),
ya que lo que nos sobra pertenece a aquel que lo necesita. De estos pobres
dignos, sencillos y fraternos, dijo Jesús: ‘¡Felices los pobres, porque de
ellos es el Reino de Dios!’ (Lucas 6,20). En este sentido, se hace claro que es
pobre aquel que comparte y no explota.
-
La pobreza
espiritual u Opción por los pobres. Es
la opción de los que, pudiendo ser ricos, o sea, acumular y explotar, deciden no serlo por solidaridad con los
pobres, por el seguimiento de Jesús y por luchar contra la miseria. Allí se
trata de una decisión y de una realidad, y no una ilusión que se quedara en
mera buena voluntad. “Invitamos a todos a asumir la causa de los pobres, como
si estuviesen aceptando y asumiendo su propia causa, la causa misma de Cristo”
(Puebla, Mensaje 3). Buscamos identificarnos con los pobres, haciéndonos con
ellos pobres materialmente y necesitados de la ayuda de ellos y asumiendo sus
opciones, para, de esta manera, seguir fieles al ejemplo de Jesucristo. No se
trata de ser sólo espiritualmente pobres (o sea, necesitados de Dios) sino
también efectivamente pobres, o sea, de vida sencilla. Esta clase de pobreza
espiritual y efectiva es la espiritualidad evangélica. De ellos Jesús dijo que
eran bienaventurados: “¡Felices los que tienen el espíritu de los pobres, porque de ellos es el Reino de los
cielos!” (Mateo 5,3). Para lograr ser ‘pobres de espíritu’, hay que ser también
pobres material y dignamente: el uno no va sin lo otro.
Es
bueno analizar regularmente en qué categoría de pobreza y de riqueza nos
encontramos, para verificar nuestra vida de pobreza, nuestro espíritu de
pobreza y nuestra opción por los pobres.
b). Las
ventajas de la pobreza digna, material y espiritualmente
El voto de pobreza nos hace asumir limitaciones
de nuestras comodidades, como seguimiento de Jesús, identificación con los
pobres y testimonio de solidaridad con ellos. Esta clase de pobreza nos permite
ser libres afín de amar y servir mejor.
He aquí unas ventajas de este voto:
-
Nos da disponibilidad, para ser más presentes y eficaces, ya
que no tenemos tantas ataduras y esclavitudes que nos ofrece el ambiente de
consumismo de tener cada vez más y más cosas. Nos libramos del materialismo
para dedicarnos al servicio y carisma de nuestra institución, y de sus
objetivos y misiones.
-
Nos protege contra
la avaricia y la acumulación: es tan fácil atarse a las cosas. Por eso,
menos cosas: menos ataduras y menos avaricia. Recordemos que Jesús calificó el
dinero de ‘maldito’ y nos dio la llave para no dejarnos dominar por él: “Aprovechen
el maldito dinero para hacerse amigos” (Lucas 16,9). El dinero es para
compartirlo: al no compartirlo, acumulamos, y esto nos destruye y destruye a
los demás.
-
Nos permite independencia
con los negocios y la corrupción: menos negocios, menos corrupción. Nuestro
sistema económico hace que difícilmente podemos acumular y hacer beneficios sin
explotar a los demás. Es difícil hacer comercio limpio y los negocios no deben
ser nuestro trabajo, en nombre de la pobreza.
-
Nos da la
oportunidad de presentar una alternativa de vida en sociedad:
hacer que nuestras relaciones sean basadas no en el individualismo, la
acumulación, la competencia y la violencia, sino en el compartir, la igualdad,
la fraternidad y la convivencia pacífica.
-
Nos identifica
con Jesús
y nos abre las puertas del Reino.
c). Los
3 niveles de realización de la opción por los pobres
El origen de la opción por los pobres, la
encontramos en el Concilio Vaticano 2º celebrado en Roma de los años 1962 a
1965. Al buscar cómo aplicar las orientaciones del Concilio a América Latina,
los obispos del Continente nos dijeron repetidamente:
-
“Debemos agudizar
la conciencia del deber de solidaridad con los pobres, a que la caridad nos
lleva. Esta solidaridad significa hacer nuestros sus problemas y sus luchas,
saber hablar por ellos. Esto ha de concretarse en la denuncia de la injusticia
y opresión, en la lucha cristiana contra la intolerable situación que soporta
el pobre” (1968, en Medellín 14,10).
-
‘Volvemos a tomar
la posición de la segunda Conferencia General (de Medellín) que hizo una clara
y profética opción preferencial y solidaria por los pobres… Afirmamos la
necesidad de conversión de toda la Iglesia para una opción preferencial por los
pobres con mira a su liberación integral’ (en 1979, Puebla 1134).
-
‘Asumimos con
renovado ardor la opción evangélica preferencial por los pobres, en continuidad
con Medellín y Puebla’ (1992, en Santo Domingo 296).
-
“De nuestra fe en Cristo, brota
también la solidaridad como actitud permanente de encuentro, hermandad y
servicio, que ha de manifestarse en opciones y gestos visibles, principalmente
en la defensa de la vida y de los derechos de los más vulnerables y excluidos,
y en el permanente acompañamiento en sus esfuerzos por ser sujetos de cambio y
transformación de su situación” (2007, en Aparecida 394).
El sentido más claro de esta opción por los pobres se
encuentra en el mensaje de Puebla: “Invitamos a todos, sin distinción de
clases, a aceptar y asumir la causa de los pobres, como si estuviesen aceptando
y asumiendo su propia causa, la causa misma de Cristo. ´Todo lo que hicisteis a
una de estos mis hermanos, por humildes que sean, a mi me lo hicisteis´ (Mateo
25,40)” (Mensaje de Puebla, 3).
Miremos los 3 niveles de ‘aceptación y identificación’
de la opción por los pobres.
-
La opción de
estar ‘con’ lo pobres. Es una
actitud de preocupación por los
pobres, de hacerles visitas, de regalarles cosas, de defenderlos de vez en
cuando, de mostrarse apenado por su situación… Esta actitud se queda en el paternalismo
o maternalismo, pero no logra cambiar la situación de ellos y, en la mayoría de
los casos, mantiene el empobrecimiento y lo aumenta. Es una falsa opción por
los pobres si nos quedamos sólo en este nivel: nos engañamos a nosotros mismos
y los engañamos a ellos, porque no les permitimos ser actores y protagonistas
de su propia liberación: salir de la pobreza deshumanizante.
-
La opción de
vivir ‘entre’ los pobres. Cuando
optamos por vivir entre los pobres, damos un paso más real hacia la opción por los pobres. En este caso,
difícilmente podemos cerrar los ojos sobre su situación. Y ésta nos interpela,
nos cuestiona y no nos deja tranquilos: no podemos estar entre ellos sin hacer
algo que les ayude a salir de su situación. Pues, mientras no salen de su miseria,
Cristo nos está diciendo: “Lo que no hicieron con alguno de estos más pequeños,
conmigo no lo hicieron” (Mateo 25,45). Pero esta presencia solidaria no es
todavía suficiente: es bastante, pero hay que dar un paso más al dejarnos
convertir por los pobres y dejarnos evangelizar por ellos.
-
La opción de
pensar ‘según’ ellos y luchar ‘desde’ ellos. Es el ejemplo de Jesús que nos debe guiar: él se hizo
pobre con los pobres “para enriquecernos de su pobreza” (2 Corintios 8,9); nació, vivió y murió entre ellos; habló desde ellos.
Es lo que nos expone San Pablo en su carta a los Filipenses 2,5-11: las etapas
de la encarnación de Jesús -de su ‘conversión’ a los pobres- que son 5. Jesús
se despojó de su divinidad, se hizo hombre, servidor, hasta la muerte, y la
muerte de cruz, como máxima solidaridad e identificación con los pobres. Ahí
está el camino trazado: asumir la condición y la causa de los pobres. Por eso,
hay que despojarse de muchas falsas ‘riquezas materiales y espirituales’ que
nos estorban y nos impiden ‘bajar’ (o ‘subir’) al nivel de los pobres, para
servir la causa de ellos, dejarnos instruir por ellos, por su sabiduría, y
hasta dejarnos evangelizar por ellos, porque, si son los herederos del Reino,
tenemos que hacernos mendigos de este su inestimable tesoro. En la opción por
los pobres está nuestra capacidad de identificarnos y convertirnos a
Jesucristo. Pues, ha de ser esto la conversión cristiana y necesitaremos de
toda nuestra vida para lograrla aunque sea un poquito, sin esperar que sea
demasiado tarde. Se entiende que para los ricos está conversión cuesta
demasiado: el joven rico no la logró (Marcos 10,22), Zaqueo sí (Lucas 19,9).
Ayudémonos
a lograr hacer de verdad la opción por los pobres según el ejemplo de Jesús y ayudemos
a nuestros hermanos a conseguirla también: ahí se juega nuestra entrada en el
Reino.
Terminemos con lo que dijeron nuestros obispos en
Aparecida (Brasil, 2007): “La vida consagrada es un don del Padre por
medio del Espíritu a su Iglesia y constituye un elemento decisivo para su
misión. Se expresa en la vida monástica, contemplativa y activa, los institutos
seculares, a los que se añaden las sociedades de vida apostólica y otras nuevas
formas. Es un camino de especial seguimiento de Cristo, para dedicarse a Él con
un corazón indiviso, y ponerse, como Él, al servicio de Dios y de la humanidad,
asumiendo la forma de vida que Cristo escogió para venir a este mundo: una vida
virginal, pobre y obediente” (216).
La vida religiosa es el gran regalo que las
y los religiosos hacen a la Iglesia y a la sociedad para enrumbarnos en la
dirección correcta afín de seguir como se debe a Jesús y construir eficazmente
su Reino en la realidad de hoy.
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